Wednesday, June 3, 2015

Un tipo para admirar...

El otro día, Mery llevó a uno de sus tíos a lo de un amigo, donde se juntaban a jugar al truco... ella sólo iba a dejarlo ahí.
Llegan al lugar, y Mery ve que es un terreno donde no hay una casa, sino que al fondo hay un quincho. Nada más que un quincho.

Le pregunta al tío "qué onda? qué es esto?", a lo que él responde con la historia de su amigo:
Resulta que el sujeto en cuestión siempre quiso hacerse un quincho en su casa, y su mujer no lo dejaba, porque decía que se iba a "juntar con los amigos, jugar a las cartas y empedarse".
El tipo, a escondidas, compró un terreno, construyó un quincho, y ahora se junta ahí todas las semanas con los amigos a hacer asado, tomar vino y jugar al truco.

Creo que lo amo, sin conocerlo lo amo.

Saturday, March 14, 2015

Somos casas

Empezaba a caer el sol, y tanto Martín como Esteban comenzaban a aburrirse uno del otro. En esencia, ninguno era una persona aburrida, pero la jornada ya comenzaba a deteriorarse, una muerte lenta, con una pizca de angustia. Tampoco era un escenario nuevo, estaban acostumbrados a esos encuentros, donde momentos de silencios eran acompañados por instantes de risa y períodos de intensa charla.
Justo cuando Esteban pensó en levantarse, e invitar a concluir la jornada, Martín comenzó una nueva charla:
- ¿No te pasó nunca, que conociste a alguien, y con el tiempo viste que había más de lo que al principio se reveló?
- Eee, pasa con todas las personas, creo… - Esteban no encontraba ningún atractivo en la pregunta, le resultaba obvia, pero continuó por respeto a su amigo. - Pero decime, ¿a qué te referís?

- Me refiero a como es uno a veces, como se muestra frente a ciertas personas y a ciertos grupos. - Martín era hablador, le gustaba compartir sus ideas, y lo hacia con cierto encanto. - Vos a mi, por ejemplo, me conocés bastante, pero no conocés como soy en el laburo. Quizás te imaginás que soy un tipo más serio, ubicado, y con un lenguaje un poco más "técnico" - hizo el conocido gesto de las comillas, para acompañar su idea.

Esteban tenía puesta una remera con un estampado de una banda que Martín no conocía. Estaba apoyado con su codo derecho en la mesa, inclinado sobre la ventana, y se notaba en su cara que tenía ganas de estar haciendo cualquier otra cosa.
Su compañero siguió hablando:
- Ponele que cada uno es una casa... todas las casas son distintas, ¿cierto?
- Cierto. - Respondió a secas, pero ya con un poco más de atención: volvió a mirarlo a los ojos.
- Las casas tienen distintos ambientes: algunos cerrados, otros abiertos... algunos más grandes que otros, algunos con más de una entrada o salida, entendés por dónde voy, ¿no? - No le dio tiempo a responder, y siguió - Ahora imaginá que cada ambiente es una 'versión' tuya. En un ambiente está el 'Esteban del laburo', en otro ambiente está el 'Esteban hijo de Mario y Celia', en el quincho al lado de la parrilla está el 'Estebanquito amigo del cole, haciendo unos ricos morrones con huevo, pimienta y sal, disfrutando una copa de algún malbec mendocino, de alguna bodega que no conoce nadie'.
- Jaja, si, te entiendo... qué rico unos morrones, me tentaste boludo.
- Bueno, yo creo que la gente es así. Yo soy así. Se que en mi "casa" - de nuevo el gesto de las comillas - hay un ambiente, chiquito, cerrado con llave desde adentro, donde estoy sentado al borde de una cama de una plaza y con la cabeza gacha, mirando al suelo. Ahí está el 'Martín tímido', probablemente más joven, aniñado, y con la llave abajo de la almohada. A ese Martín no le gusta que lo molesten... Supongo que en otro ambiente, quizás la cocina, hay un Martín más social, ameno, fácil para conversar... Pero supongo que también hay un lugar en la casa, en algún lugar donde la gente no suele ir, un armario sin ventanas, donde guardo al Martín enojado.
- Pero vos no sos de enojarte Tincho... no creo haberte visto enojado nunca en mi vida. - Esteban prestaba mucha atención, y sin desearlo, fruncía el seño, casi preocupado.
- Y tenés razón. A ese Martín lo tengo encerrado, y la llave la tengo yo, para que sólo salga cuando yo lo desee. Pero si pasás cerca de ese armario, vas a escuchar puteadas, golpes a la puerta, verdadero enojo y odio.
- Ahá... ahora que lo pienso, una vez conocí a una mina que, a priori, parecía ideal. Tenía un trabajo interesante, terminó la carrera en tiempo y forma, jugaba al hockey en un club, estaba buscando un departamento para mudarse con una amiga, no parecía tener ningún problema. Ahora que me decís esto de las casas, esta sería una de esas que de afuera se ven divinas, pero cuando entrás ves que está todo desordenado, la cocina tiene platos sin lavar de hace una semana, y uno se siente incómodo sin saber porqué. ¡Con ella fue así! Cuando la conocí un poco más, no sabés los mambos que tenía, daba un toque de miedo. Una vez la fui a buscar a la casa. La esperé afuera con el auto, y cuando salió dio un portazo que no entiendo como no tembló la cuadra entera. Se subió al auto, me miró fijo, y me dijo "sacame de acá".
- ¿Y qué hiciste?
-  Bueno, yo no se si me pedía que la mude a mi casa, o si quería que la lleve a un bar... la llevé a un bar, sabés que mi casa es un quilombo, y si meto a una mina nos sacan a patadas a los dos. En el bar no paró de hablar mal del viejo, que era una mierda, que la vieja se ponía del lado de él, que porqué no se moría, y que se yo qué más. Me dio miedo, jamás vi a alguien tan ensimismado en una idea.
- Imagino que no la viste más... - dijo Martín, mientras terminaba la cerveza de un sorbo.
- Y si, la dejé en la casa, esperé que sacara las llaves de su cartera, y ni esperé a verla entrar. Me fui cagando... yo no puedo estar con alguien con tantos mambos.
- Ahí tenés.... somos casas, con ambientes que queremos mostrar y otros que no. A veces hay cuartos con la puerta entreabierta, que podés asomarte y decidir si entrar o no, o cuartos con las paredes finitas, que sin saber qué hay adentro, podés adivinar por los ruidos que se escuchan. Hay gente que puede recorrer la casa de pe a pa, y no podemos hacer nada al respecto. Otros llegan hasta la puerta y listo.
- Puede ser... ¿vamos?

Pagó Esteban, dijo que se lo debía de no se qué otra birra que nunca le terminó de pagar. Martín no se negó, él sabía que en algunos días iba a poder devolver el favor. Se saludaron con un abrazo en la esquina del bar, cada uno apuntó a otro lado, pero los dos sabiendo que tenían una copia de la llave del otro, para entrar a regar las plantas cuando hiciera falta.


Pleuro Alterio

Tuesday, September 23, 2014

La piba - historia de un mate

Me gustan esos mates que están desgatados, casi arruinados, al borde de la jubilación y de formar parte de una repisa de adornos. Esos mates te dicen, por encima de todo, que fueron usados. Pero en el fondo, cuentan historias. Hay restos de yerba, algunas manchas que no se sabe qué son, y sabemos que están casados con una bombilla, aunque cada tanto tienen alguna aventura con otra.
Un mate usado es un mate que fue compartido con amigos, desconocidos devenidos en amigos, amores, desamores y gente que ya no está. Es también un mate que estuvo en momentos de soledad, usado por una sola persona y sus pensamientos.

Una vez charlé con uno de estos mates, y me contó la siguiente historia que presencio entre dos muchachos:
-Escuchame boludo, es así... no me discutas.- dijo Nacho mientras terminaba su mate, y se preparaba para cebar otro. Se lo pasó a Diego, que lo agarró sin sacarle la vista de encima.
-Es que me cuesta creerte, ponete en mi lugar. La piba nunca me dio bola, ni la hora, ni 'hola Juan, ¿cómo estás?'. Es más, no sé si sabe mi nombre...- Diego se tomó el mate rápido, como nervioso, y lo devolvió instintivamente.
-Sos un exagerado. Te lo voy a repetir, a ver si entendés. Esto me lo dijo Paula, que sabés es íntima de la piba. Te quiere conocer, le parecés interesante, y cito textual: "ese Diego tiene algo raro, me llama la atención".
En este momento Diego se empezó a cagar de risa. -Jajaja, ¿"raro"? ¿le llamo la atención? Ya me estás boludeando. -
Nacho, claramente cansado del tema, le respondió alcanzándole el último mate. -Si, debe ser tu cara de boludo lo que le pareció raro e interesante. Vos vení el viernes a la fiesta de Pau, ahí te la presento. Quizás encontrás un lugar con un poco de luz y tus rasgos de boludo se marcan bien, a la piba le parecés aún más interesante, y te la terminás comiendo.-
Diego no dijo nada. Se tomó ese último mate, insistiendo sobre el final. El característico ruido que indica la falta de agua fue lo último que escuché.



Pleuro Alterio

Thursday, September 4, 2014

Mate - extracto de "Más respeto que soy tu madre" por H. Casciari

«El mate no es una bebida, mis queridos lectores de otros pueblos. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En Argentina nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión. Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo. Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Entre mujeres charlatanas y chismosas, entre hombres serios o inmaduros. Entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan. Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y gorilas ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Este es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos o circuncisión. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. Sin nadie. No es casualidad; no es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es porque descubrió que tiene alma».

Fragmento de "Más respeto que soy tu madre", novela de Hernán Casciari



Pueden serguir a Hernán en su cuenta de Twitter.
http://editorialorsai.com/blog/autor/
http://editorialorsai.com/

Tuesday, September 2, 2014

Pedirle al tiempo

El paso de los años es inevitable. Al que quiera frenar el tiempo, se va a encontrar en medio de un quilombo bárbaro, y lo único que va a hacer, es perderlo: perder el tiempo.
Asumamos el paso del tiempo, de los años, pero negociemos. Me parece injusto no poder tranzar con tan macabro y maravilloso aliado, así que hoy me pongo los pantalones de nene grande, y le canto retruco.

Al tiempo, cuando pase, le voy a pedir que me deje un regalo. Bah, en realidad, que no me deje nada... le voy a pedir que se lleve algo.
Al tiempo, cuando pase, quiero pedirle que se lleve ciertos recuerdos, algunas memorias. No quiero caer en la ligereza de borrar 'feos' recuerdos, ya que quiero conservarlos. Quiero mis angustias, mis tristezas, y cada momento que me llenó de vergüenza. Siento que los necesito, a todos y cada uno de ellos.
Al tiempo, cuando pase, le voy a pedir que se lleve cualquier recuerdo 'lindo' que pueda volver a vivir (condición importantísima en la negociación) y así poder recuperarlo luego. Quiero pedirle que se lleve 100 Años de Soledad, aquel primer beso, y la primera vez que me gustó el mate. No quiero hacer una lista, a pesar de amar las listas. Quiero que me sorprenda.
Al tiempo, cuando pase, y se haya llevado todo eso, le voy a pedir que vuelva. Sólo espero estar atento y aprovecharlo, no perderlo.

Monday, August 25, 2014

Lo hizo de nuevo, me habló de mis miedos

Lo hizo de nuevo, me habló de mis miedos. Me recordó que ahí estaban, al acecho. Ellos, chiquitos para algunos, gigantes desde mi perspectiva.
Me habló de mis miedos, los señaló, los invitó a un nuevo ataque. A debilitarme, a decirme "no podés, no vas a poder, nunca". Tantos años luchando, ahora en vano, y todo culpa de ella.

Cuando María invitó a Joaquín a sentarse, él sintió que su mundo se desmoronaba. El sudor, frío y cortante, acompañado de algunos temblores, no eran un buen augurio - sólo empeoraban la situación. Él pensaba que cualquier persona, cualquier insignificante sujeto que los vea en esta situación iba a apiadarse, rescatarlo, o al menos decirle a ella que no era el momento adecuado para tener esa charla.

Me quiero ir. ¿Por qué me está haciendo esto? ¿Por qué no me entiende? Ella sabe cuáles son mis miedos, sabe lo que significan para mí. ¿Por qué ahora? Pensé que lo nuestro funcionaba, que iba a comprender...

María tenía sus motivos, y él lo sabía, aunque no los compartiera. Ella pagó el café y las tostadas, ya que Joaquín no supo contener algunas lágrimas y se levantó antes de que la situación sea aún más patética. Desde ese día, siguieron rumbos distintos, aunque con ocasionales encuentros.

Pleuro Alterio


Mis sinceras disculpas a Agustina A, víctima del robo de las primeras 9 palabras de este texto.

Monday, July 14, 2014

Post-Mundial

Hoy puse a lavar la camiseta de Argentina, luego de un mes increíble (futbolísticamente hablando). Un poco por cábala, y un poco porque no olía tan mal, la usé en cada partido de la selección... recién hoy valió la pena ponerla en el cesto junto a la otra ropa que pide a gritos marearse en un lavarropas.
Lunes 14 de Julio del año 2014: cambiamos ansiedad y nervios por tristeza, bronca, y algún que otro festejo por conseguir el segundo puesto perdiendo dignamente frente al campeón.
Lo han dicho varios: el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes. Es un juego, son un par de muchachos, haciendo lo posible por meter la pelotita en el arco rival, mientras evitan que la misma entre en el propio. Un juego.
Pero también es cosa seria, mueve plata, y mucha. Mueve intereses. Afecta a la política (Merkel y Dilma presentes). Y por sobre todas las cosas, afecta el ánimo de la gente. Potencia lo que verdaderamente podemos llegar a ser como personas, refleja nuestro interior. Cuando los festejos se transforman en violencia, cuando estuvimos tanto tiempo 'distraídos' y por al lado pasaban los fondos buitres, las inundaciones y los conflictos en Gaza.
Me considero hincha de Argentina, por encima de ser hincha de la selección. La selección nos identifica deportivamente hablando, es parte de nuestra cultura, junto con la música, el idioma, la comida y demás costumbres. Es razonable que influencie nuestro estado de ánimo, pero no debería jamás traducirse en violencia, de ningún tipo.

Me quedo con las juntadas, las ilusiones, las alegrías, saber que Romero, Rojo y Sabella nos taparon la boca a varios. Me quedo con las euforias por el Pocho, y alguna que otra magia de Messi. Me quedo con @AleSabellaDT (de lo mejor), las fotos y videos por WhatsApp y el buen clima mientras duró.
Vimos partidazos, Costa Rica nos dejó con la boca abierta, los goles de Alemania, Holanda, y como Pirlo hace bello al fútbol. Siempre será más fácil hablar con el diario del lunes, y siempre será más fácil criticar que pensar y hacer.

Será hasta dentro de 1424 días.

Friday, June 13, 2014

El hombre inventó a dios

El corazón del hombre latió por primera vez.
Con ese latido, comenzó a sentir.
Con esos sentimientos, apareció la pasión.

El cerebro del hombre pensó por primera vez.
Con ese pensamiento, inventó la pelota.
Con la pelota, inventó el fútbol.

Fútbol y pasión inventaron el agradecimiento y la puteada.
Y el hombre tuvo que crear a dios, ya que ningún mortal era capaz de recibir tanto agradecimiento y puteada en 90 minutos.

En el mundial, nos ponemos un poco pelotudos.

Wednesday, May 14, 2014

A la muerte le dieron más trabajo

El Diablo, la Muerte y Dios se juntaron, como todos los martes, en el bar de Ernesto. Tenían un arreglo especial con él: le aseguraban clientela regular, a cambio de mantener la discreción. La Muerte le había pedido que sólo los atienda él, y que nunca se olvide que el café debe ser negro, sin leche ni crema.

Mientras esperaban el servicio (que solía demorar sólo Dios sabe por qué), se pusieron al día con cuestiones terrenales. Hablaron de las guerras recientes, algunas preocupaciones, ética, moral... nada importante.

La muerte sacó su cuaderno, con un movimiento casi automático pero que delataba cierto cansancio: el día anterior explotaron dos coche bomba (el Diablo y sus cosillas....) y un tornado azotó una comunidad entera (Dios y sus cosillas...). Ellos no se daban cuenta, pero cada una de sus 'picardías' hacían que ella trabaje más de lo regular. Cada tanto se preguntaba si no bastaba con las propias decisiones de los humanos, ya que parecían empecinados en aniquilarse a ellos mismos. La respuesta era siempre la misma: nosotros proveemos herramientas, ellos toman las decisiones de cómo usarlas, o cómo estar preparados ante cierto hechos. Así, se disputaban las almas, en una eterna competencia.


Con un suspiro, abrió el cuaderno en las últimas páginas -pronto necesitaría empezar uno nuevo- y ojeó los nombres que allí aparecían. Eran personas que estaban en el Limbo, ese lugar creado por Dios y el Diablo, cuando no supieron qué hacer con ciertas almas (algo que los humanos malinterpretaron, confundieron con el Purgatorio, y ya no supieron qué hacer al respecto). Estaba claro que la mayoría tenía un destino indudable, pero algunos casos causaron peleas entre ellos. El Diablo argumentaba que si tenían todo para ganarse el Cielo, cualquier decisión errónea que tomaran a propósito significaba un viaje directo al infierno. Dios, más complaciente, sostenía que tenían derecho a arrepentirse. La Muerte no se metía en esas cuestiones, ella sólo se encargaba de despachar las almas una vez que se separaban del cuerpo. El problema es que le asignaron una nueva tarea: las almas que están en el Limbo, y luego de un tiempo no se ganaron su espacio en el Cielo o el Infierno, debían volver a la tierra. Y ese trabajo le correspondía a ella. Al principio consideró justo que si estaba cuando el alma se separaba del cuerpo, debía estar cuando un alma era asignada a un cuerpo nuevo. Al cabo de unos milenios, ya comenzaba a cansarse. Lo que nunca entendió, es cómo los seres humanos desaprovechaban olímpicamente estas segundas oportunidades... quizás, porque se distraían tanto con los placeres mundanos creados por los narcisistas más grandes el universo: Dios y el Diablo.





Pleuro Alterio

Un picado en el Maracaná - libro de auGol

Ayer me hice poseedor del primero libro del equipo de auGol, titulado "Un picado en el Maracaná". Hasta el momento, leí algo así como un octavo del mismo, y ya se que es uno de los pocos libros que quiero prestar, para que se contagien sus historias.
Es un conjunto de historias de cada uno de los países que jugarán la Copa del Mundo 2014, y una excelente forma de palpitar ese mes en el que las actividades parecen detenerse. En una coctelera pusieron su admiración a este deporte, migajas de Bielsismo, historias que probablemente no conocías, prólogo del pelado Cordera, y periodismo deportivo (ese que sirve, no boludeces). Sobre el final, una reseña interesante de cada sede.
Mi humilde consejo es que se sumen a esta legión de lectores, y consigan su copia. No se arrepentirán.

Adquirilo acá, a través de Libro Fútbol: Pedí "Un Picado en el Maracaná"
También podés pasar por el local de Libro Fútbol en Puerto Madero: Olga Cossettini 1112 (de 9 a 17)
Otra opción es acercarse a la administración de Tea y Deportea: Lavalle 2083
O hacé tu pedido a contacto@augol.com

Próximamente nuevos puntos de venta...


Quiero felicitar a Javier Quintela, y a sus compañeros de equipo, que de manera independiente crearon esta genialidad llamada auGol, y parieron su primer hijo, "Un picado en el Maracaná".

Más referencias:
https://www.youtube.com/watch?v=qr2M5EKkXC4 -> Presentación de Victor Hugo Morales

Thursday, April 24, 2014

Estamos locos, pero no locos "bien"

La siempre cuestionada Wikipedia nos regala un breve artículo sobre la Locura. Aquí leemos que, hasta final del siglo XIX a un determinado comportamiento que rechazaba las normas sociales establecidas, se lo consideraba locura. Creo que esta definición más vigente que nunca, al menos en nuestra sociedad.

Varios hechos me ayudan a confirmarlo, actuales y pasados. Hablemos sobre los linchamientos... aquellos sucesos en los que la plebe decide agredir físicamente a un (supuesto) delincuente. Hacer justicia por mano propia. Ya que la policía no aparece, lo agarramos entre nosotros, hacemos su trabajo. Pero entendamos que no es "apresarlo, llevarlo a juicio, y condenarlo en un acto democrático y justo". Literalmente lo matamos a patadas, en un acto cobardía y maldad.

Lu Xun, en su cuento breve titulado "Diario de un Loco", narra lo siguiente:
"Solamente hoy me doy cuenta de que he vivido años en medio de un pueblo que desde hace cuatro milenios se devora a sí mismo."

Coincido con Francisco, cuando dice que sintió las patadas en el alma, mientras se pregunta qué falló. No tengo ni autoridad ni conocimiento pleno para responderle, para respondernos. Me atrevo a decir que fallamos nosotros, como pueblo. Fallamos al dejar que las instituciones se desmoronen o sean arrebatadas por la corrupción (corrupción de nuestra propia autoria). Fallamos al abandonar a ese chico que decidió salir a delinquir. Fallamos al no educar, al no acompañar y no contener. Fallamos al tolerar hechos intolerables. Estamos locos, lo que se dice locos "mal".

Hace unos días, en el trabajo elegimos una frase de Favaloro, a modo de inspiración:
"Debe entenderse que todos somos educadores. Cada acto de nuestra vida cotidiana tiene implicancias, a veces significativas. Procuremos entonces enseñar con el ejemplo.”
Al mismo tiempo, le explicamos a un directivo, nacido en otro país, quién fue René Favaloro. No pudimos evitar mencionar su trágica muerte: un disparo al corazón. Un acto suicida que, si nos tenemos un segundo a razonar, tenemos que concluir que estamos realmente locos. Dejamos morir a Favaloro. No fue culpa de los políticos de turno, fue culpa de todos nosotros. René vivió este país en carne propia, con sus injusticias construidas por todos nosotros durante años.
Procuremos enseñar con el ejemplo. ¿El ejemplo es matar a alguien a patadas, porque la policía no trabaja?

Tenemos el país que merecemos, porque nosotros lo construimos así. Somos la consecuencia de decisiones pasadas, cierto, pero no tenemos que culpar al pasado cruzándonos de brazos y esperar que venga no se quién de no se dónde a "curarnos". Hoy nos toca trabajar a nosotros, y es nuestra decisión que todo siga así o no. Procuremos enseñar con el ejemplo.

Espero algún día juntar las palabras para escribir la otra cara de la moneda, y poder decir que estamos locos, pero locos "bien". Que en este suelo que pisamos, lleno de discordancias e irrealidades, sólo las acciones contagiadas por locura nos pueden sacar adelante.

Wednesday, March 5, 2014

Líneas de un confundido

Te dije que ahí había pasado algo. No, no digas que no. Sabés muy bien que en ese momento no fuimos los de siempre, hubo algo nuevo, distinto.
Y ahora claramente no sé con qué cara mirarte, y no me digas "con la de siempre, gil, si no pasó nada...". Mentirosa, sucia, embustera, te extraño. Odio que juegues conmigo, pero no dejes de hacerlo.

Estoy cansado, anoche no pude dormir. Para distraerme empecé a escribir sobre esto. Empezaba... un par de renglones... no me gustaba y lo tiraba. Y lo volvía a hacer... a veces te escribía a vos, otras veces jugaba a que eras mi paciente y yo tu psicólogo - ese turro al que le contás todo, y a mi que me conocés desde antes de crecer me ocultás cosas.
Insisto, ahí pasó algo. Dejamos de ser nosotros mismos. Tenías tu remerita blanca, es que me encanta, unos jeans nuevos y un poco de frío que se tradujo en mis ojos desviándose hacia tu delantera. Fui disimulado, pero te diste cuenta. Igual no te importó, porque me entendés y sabés que lo hago sin querer.

Compartimos un licuado y un tostado. No querías una cerveza, y no me gusta tomar alcohol sólo. Fuiste graciosa, entretenida, interesante. No quería irme, pero la cantidad de licuado era como un reloj de arena. Que hijo de puta ese licuado, empecé a tomarlo más lento, quería quedarme con vos. Tendría que haber pedido dos.


Pleuro Alterio

Saturday, February 15, 2014

Conservá la dignidad, por favor

     Fernanda salió a caminar, pidiendo un recreo luego de varias horas de trabajo en su departamento. Eran las 3 de la tarde, martes de Febrero, soleado y agradable. Las lluvias de los días anteriores dejaron un clima más fresco que los de Enero, cuando el calor hacía intolerable cualquier caminata bajo el sol.
      Caminó cuatro cuadras, sabiendo a dónde se dirigía: la plaza, y su banco preferido. En cuanto llegó, se sentó en el lugar que ella creía designado para las chicas que salen a tomarse un descanso. Todo lucía más verde que de costumbre, probablemente gracias a aquellos chaparrones. Tomó un sorbo de agua... suspiró con una sonrisa en sus labios, y tomó otro sorbo. Sabía que dentro de poco su vida cambiaría rotundamente, y que no vería esta plaza por mucho tiempo. Intentó relajarse, y que sus pensamientos fluyan.
      Su estado de relajación duró poco, ya que una pareja la distrajo con ciertos sonidos pocos agradables. Parecían pelear, aunque ella determinó que si eso era una pelea, ya había un claro ganador. Ganadora, en este caso. Su cara no decía nada, y la de él decía todo. Mientras él, entre sollozos, no paraba de repetir "pero no entiendo... ¿hice algo mal?", Fernanda sólo podía pensar "nene, conservá la dignidad... no llores en público".


Dedicado a Flor, que se va a probar una suerte distinta.

Tuesday, February 4, 2014

Periodismo, recorte de la realidad

Hace unos días leí un comentario que puso un amigo (no sé si de su autoría, o amablemente robado). Este post trata sobre esa frase, reflexiones de mi parte, y quizás algún consejo que cada uno puede hacer propio o no.
"El periodismo no es otra cosa que un recorte de la realidad".

La gente suele subestimar el poder de los medios de comunicación, o atribuirle más del que tiene o merece. Lo cierto es que algo de poder tiene (no interesa cuanto, en esta instancia), y ese poder se traduce en cómo algunas palabras influyen a la gente, los mercados, las decisiones, la economía, la política, etcétera. No quiero caer en la inútil discusión sobre lo inteligente o idiota que hay que ser para dejarse influenciar: todos somos influenciables, la cuestión es qué decisiones tomamos luego de absorber la noticia.



Los medios de comunicación, compuestos por periodistas -o quienes dicen serlo-, trabajan recortando la realidad. Lo importante es reconocer que no se puede mostrar toda la realidad, sino que hay que acotarla. Esto se hace recortando la misma. Hay quienes usan una tijera grande, quienes usan una pequeña; hay quienes cortan grandes porciones, y quienes cortan pequeñas parcelas. Hay quienes lo hacen violentamente, dejando heridas, y quienes lo hacen con suavidad. Hay quienes adornan el recorte usando tijeras con formas lindas trazando patrones de corazones y sonrisas, pero cuyo recorte en realidad esconde otra cosa. Hay quienes recortaban en formas cuadradas, y con disimulo fueron curvando sus bordes: al poco tiempo utilizan círculos, y critican vilmente a quienes usan cuadrados.
Las posibilidades son tantas como personas, tijeras, y lectores/oyentes/televidentes hayan. Sí existen criterios que unen: los intereses detrás de quien recorta la realidad.



Hoy el espectro es más amplio: uno puede ser su propio medio de comunicación. Los blogs, cuentas de twitter, y demás espacios de público acceso hacen que cada uno pueda compartir su opinión, transformándose rápidamente en periodista o comentarista, aumentando la pluralidad de quienes participan, y deciden escuchar nuevas campanas. Esto, en principio, lo considero algo bueno, favorable. Queda en cada uno elegir qué lugar toma, qué comunicar y cómo.
"El periodismo es libre o es una farsa."
Rodolfo Walsh 
Por último, creo que el periodismo debe hacernos pensar, pero sin decirnos qué pensar. Debe hacer preguntas, pero también proponer respuestas e invitar a que hagamos nuestras propias preguntas y formulemos nuestras respuestas. Una noticia con una crítica negativa, pero sin una sugerencia o un aporte concreto, de nada sirve -no suma-. O mejor dicho, suma discordia, descontento, especulación, nos hace asumir cosas y nos ciega.
"El periodismo es el tejido de mentiras más complejo que jamás se haya inventado."
Kurt Tucholsky 
Considero sano informarse a través de distintos medios, respetar todas las opiniones (que no es lo mismo que compartir nuestro pensamiento y sentimiento), incluso aquellos canales, diarios y periodistas que no piensan como uno mismo. Esto nos sirve para ir completando el rompecabezas, sumando los recortes, ver donde se superponen y donde quedan vacíos. Sirve para hacernos dudar, o para reafirmar nuestra ideología.

Los invito entonces a informarse a través de distintos medios, a buscar sugerencias y esquivar críticas vacías, a entender el contexto de un suceso, a darnos cuenta que el periodismo no es otra cosa que un recorte de la realidad.

Thursday, July 18, 2013

La soledad de América Latina - G. G. Márquez

Ayer nos vino a visitar Franquita, y siempre que nos vemos, hablamos sobre libros, textos, y ensayos. Es de las pocas personas a las que accedo prestarle un libro. Hablamos del Gabo, y me retó cuando le dije que nunca había leído La Soledad de América Latina, esa suerte de agradecimiento mezclado con "muchachos, no entienden muy bien porqué me están dando un Premio Nobel, ¿no?".

Aquí el texto. Resulta interesante leerlo cada tanto, y en lo posible leerlo antes y después de leer Cien Años de Soledad.

La soledad de América Latina


Gabriel García Márquez 

Discurso de aceptación del Premio Nobel 1982 

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen. 

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonios más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro. 

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas. 

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años. 

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega. 

Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad. 

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes. 

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo. 

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental. 

No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad. 

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios. 

Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra. 

Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido. 

Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos. 

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias. 




Fuentes:
http://www.escribirte.com.ar/textos/533/la-soledad-de-america-latina.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Gabriel_garcia_marquez
http://es.wikipedia.org/wiki/Cien_a%C3%B1os_de_soledad

Monday, April 22, 2013

Como mata el viento norte

A veces nos olvidamos de lo grandioso que puede ser un tema. Quizá porque no lo escuchamos tan seguido, quizá por distraídos...


Como mata el viento norte 
cuando Agosto está en el día, 
y el espacio nuestros cuerpos ilumina. 
Un mendigo muestra joyas 
a los ciegos de la esquina, 
y un cachorro del señor nos alucina 


Por suerte, cuando el tema es genial, vuelve a nosotros, y nos vuelve a iluminar. Nos hace bailar el alma, como canta Charly García.


háblame solo 
de nubes y sol 
no quiero saber nada 
con la miseria del mundo hoy. 
Hoy es un buen día 
hay algo en paz, 
la tierra es nuestra hermana


En 1976, luego de Sui Generis, Charly forma La Máquina de Hacer Pájaros. Su primer álbum, de nombre homónimo, incluye esta canción.


Marte no cede, 
al poder del sol 
Venus nos enamora, 
la Luna sabe de su atracción. 
Mientras nosotros 
morimos aquí, 
con los ojos cerrados 
no vemos más que nuestra nariz. 


En el disco vemos la influencia de Pink Floyd, Genesis, Yes, y la época Argentina marcada por la dictadura. Charly escribía con cierta poesía surrealista, haciendo uso de la metáfora para explicar cómo se vivía. Él quería que la sociedad abra los ojos.


Como mata el viento norte 
cuando Agosto está en el día 
y el espacio nuestros cuerpos ilumina. 
Señor noche, se mi cuna, 
señor noche, se mi día, 
mi pequeña almita baila 
de alegría, de alegría.


Les dejo este bello tema:



Notita de color: en esta versión de Alta Fidelidad, con Mercedes Sosa, la letra cambia un poco y vuelven a agregar una línea que fue censurada en el momento que sacaron el disco. Vamos a escuchar como la negra, con un tono enojado, parece gritarle a los militares que tomaron el poder en los años 70'.


háblame solo 
de nubes y sol 
no quiero saber nada 
con la miseria del mundo hoy. 
Hoy es un buen día 
hay algo en paz, 
la tierra es nuestra hermana
los asesinos son los demás



Tuesday, April 9, 2013

Sobre la vejez

La Real Academia Española (la misma que acepta el término 'murciégalo'), nos provee de cuatro definiciones para Vejez:

1. f. Cualidad de viejo.
2. f. Edad senil, senectud.
3. f. Achaques, manías, actitudes propias de la edad de los viejos.
4. f. Dicho o narración de algo muy sabido y vulgar.



Si bien son definiciones acertadas, ya nos inclinan a percibir la vejez como un deterioro, algo negativo, un objeto que entró en desuso... la vejez es quizás un síntoma de cómo uno empieza a abandonar la vida, un punto de inflexión (sin retorno) donde vemos nuestro pasado y no hacemos más que esperar un futuro cercano: el encuentro con la parca, la muerte, o como quieran llamarlo.

Sándor Márai, novelista y poeta húngaro, escribió en El Último Encuentro:
Uno envejece poco a poco, primero envejece su gusto por la vida, por los demás, ya sabes, todo se vuelve tan real, tan conocido, tan terrible y aburridamente repetido... Eso también es la vejez. Cuando ya sabes que un vaso no es más que un vaso. Y que un hombre no es más que un hombre, un pobre desgraciado, nada más, un ser mortal, haga lo que haga... Luego envejece tu cuerpo, no todo a la vez, no, primero envejecen tus ojos, o tus piernas, o tu estómago o tu corazón. Envejecemos así, por partes. Más tarde, de repente, empieza a envejecer el alma: porque por muy viejo y decrépito que sea ya tu cuerpo, tu alma sigue rebosante de deseos y de recuerdos, busca y se exalta, desea el placer. Cuando se acaba el deseo de placer, ya sólo quedan los recuerdos, las vanidades, y entonces sí que envejece uno, fatal y definitivamente. Un día te despiertas y te frotas los ojos, y ya no sabes para qué te has despertado. Lo que el nuevo día te traiga, ya lo conoces de antemano: la primavera, el invierno, los paisajes, el clima, el orden de la vida. Ya no puede ocurrirte nada imprevisto: no te sorprende ni lo inesperado, ni lo inusual, ni siquiera lo horrendo, porque ya conoces todas las posibilidades, ya lo tienes todo visto y calculado, ya no esperas nada, ni lo bueno, ni lo malo... y esto precisamente es la vejez. Todavía hay algo vivo en tu corazón, un recuerdo, algún objetivo vital poco definido, te gustaría volver a ver a alguien, te gustaría decir algo, enterarte de algo, y sabes que llegará el día en que ya no tendrá tanta importancia para ti saber la verdad, ni responder a la verdad, como creíste durante las décadas de espera. Uno acepta el mundo, poco a poco, y muere. Comprende la maravilla y la razón de las acciones humanas. El lenguaje simbólico del inconsciente... porque las personas se comunican por símbolos, ¿te has dado cuenta? Como si hablaran un idioma extraño, chino o algo así, cuando hablan de cosas importantes, como si hablaran un idioma que luego hay que traducir al idioma de la realidad. No saben nada de sí mismas. Sólo hablan de sus deseos, y tratan desesperada e inconscientemente de esconderse, de disimular. La vida se vuelve casi interesante cuando ya has aprendido las mentiras de los demás, y empiezas a disfrutar observándolos, viendo que siempre dicen otra cosa de lo que piensan, de lo que quieren de verdad... Sí, un día llega la aceptación de la verdad, y eso significa la vejez y la muerte. Pero entonces tampoco esto duele ya.
Este texto melancólico, triste y -yo diría- bastante depresivo, nos muestra una cara de la vejez. Probablemente las líneas estén marcadas por lo que le tocó vivir a Márai: dejar su tierra, y envejecer al otro lado del mundo. Él define claramente ciertos momentos que marcan la vejez, por ejemplo: "Cuando se acaba el deseo de placer, ya sólo quedan los recuerdos, las vanidades, y entonces sí que envejece uno, fatal y definitivamente.". Nuevamente, vemos a la vejez como un punto del que no se puede retornar, un cambio definitivo.
Sándor Márai decide acabar con su vida, suicidándose en 1989. Quizás no quiso vivir una vejez como él la describe.

José Saramago, autor portugués ganador del Premio Nobel de Literatura, describe en Las Intermitencias De La Muerte un estado imaginario en el que las personas envejecen eternamente, y la muerte decide no ejercer su función. En este texto, una de las formas de entender el trabajo de la muerte es la de "limpiar" una sociedad, "eliminando" esas personas en desuso que deben ser mantenidas y no pueden hacer nada por si mismas.
Saramago presenta un ensayo sumamente interesante, y merece ser leído (aunque convengamos que su forma de escribir, su gramática y estructura de diálogos ponen nervioso a más de uno). Una versión acotada del libro se encuentra en Wikipedia (si querés leer el libro, no entrés al link... es como que te cuenten Matrix antes de entrar al cine). Plantea una vejez eterna, pero siempre deteriorando al ser humano y su entorno. Ya pueden imaginarse algunos temas sobre los que gira el libro: empleados de funerarias sin trabajo, asilos y hospitales repletos, un sistema de salud al borde del colapso, etcétera.

Ambos textos invitan a la reflexión de una condición humana casi innegable a todos - digo 'casi' porque no todos llegan a vivir en un estado de vejez. En lo personal, siento que no es algo que tengamos que esquivar como varios repiten en la frase Life Fast, Die Young (vive rápido, muere joven). Hay que saber acompañar a quien vive la vejez, y tenemos que buscar la forma de disfrutarla cuando nos toque estar en ese lugar.
En la vejez encontramos un estado de sabiduría, charlas interesantes, y experiencia. También, hay que saber convivir con la nostalgia, el constante sentimiento de extrañar algo o alguien, y saber que nuestra vida roza su fin.
Recomiendo, a quien se anime, colaborar en una casa de hospicio. Varias veces estuve en Hospice San Camilo, donde viví experiencias únicas. Aprendí que acompañar a alguien en sus últimos días de vida es algo único, y no tiene porqué ser triste: estamos con esa persona para que su despedida sea alegre y amena.
¿Qué sucede después de la vejez? La respuesta, si es que existe, es un tema aparte.






Monday, March 18, 2013

¿Para qué sirven los domingos?

No sé quién los inventó, ni porqué los puso justo después del alegre sábado.
El domingo deprime un poco, es la forma más fea de decir "se acabó tu fiestita de fin de semana, tenés que volver al laburo, y encontrarte con el horrible lunes". No sé para qué sirven los domingos...
Es irónico que el domingo esté tan lejos del viernes, si sólo esta dos días atrás... ah, pero no podemos ir hacia atrás. ¿Dónde estás Dr. Emmett Lathrop Brown?

Me robo una idea que me comentaron hace minutos: el fin de semana es ese lugar donde ponemos un montón de expectativas, casi esperando un milagro. Es mucha la presión que deben sentir el Sábado y el Domingo... 5 días agresivos, para que en 2 nos sintamos extasiados. Es injusto, ¿no les parece?. Y a veces parecen darse cuenta, y el Domingo nos dice "nooo chiquito... los milagros ya no existen... ¿y sabés qué? mañana no es viernes, pasado tampoco, ni siquiera pasado pasado mañana es viernes... suck this tangarine!". A veces te odio Domingo...

Ahhh, y hay padres que a sus hijos le ponen de nombre Domingo. Es casi como que te bauticen Hitler... estás condenado al rechazo social. Menos mal que a Sarmiento un segundo nombre: Faustino (que convengamos, va codo a codo con Domingo en fealdad de nombres).

Me di cuenta de algunas cosas que suceden los domingos. El domingo sirve para pensar la semana que nos vamos a encontrar en tan solo pocas horas. El domingo sirve para decir "¿viste? Messi lo hizo de nuevo...". Sirve para manejar más lento, total es domingo. Sirve para que el cristiano tibio vaya a misa (y ahora, de paso, festeje que "el papa es argentino, papá").

No se si nos tenemos que hacer amigos del domingo, o simplemente aceptarlo como es... tolerancia al Domingo, que no se va a ir a ningún lado, y él siempre nos espera para darnos una lección.

Wednesday, February 27, 2013

Esos viejos son un tango

Me caen muy bien esos viejos que caminan por las calles de Buenos Aires, silbando un tango. Van por ahí, con un andar muy tranquilo, generalmente con la cabeza baja, y un poco nostálgicos. Sus tiempos son otros, y uno piensa que viven quejándose, cuando en realidad viven extrañando. Se despiertan temprano, siempre, porque toda su vida lo hicieron. Silban melodías que pocos reconocen, melodías que ya desaparecieron y que los jóvenes no podrán encontrar nunca más. Ellos se llevarán sus tangos cuando ya no estén más entre nosotros, y nunca volverán: ni ellos, ni los tangos que ya nadie silbará.
Jubilados de todo, no saben muy cómo ocupar sus horas, y por eso caminan, y silban, y toman su café en esa esquina que parece caerse a pedazos, junto con ellos. Toda la imagen es nostálgica, pero no triste.
Conocen las calles, por costumbre... y por costumbre las calles los conocen a ellos. Son parte del paisaje, y se los extraña cuando ya no nos cruzamos con ellos en las veredas. Surgen las clásicas preguntas ¿le habrá pasado algo? ¿falleció? ¿estará en un geriátrico? Pero nuestro imaginario no nos deprime, porque la nostalgia no deben entristecernos, sólo hacernos recordar y extrañar.

Digo que esos viejos son un tango, porque el tango tiende a desaparecer, con toda su amor y nostalgia a cuestas.

Thursday, November 29, 2012

¿Quién nos entiende?

No me gustan los estereotipos, ni poner etiquetas, pero si se puede hacer (o intentar hacer) un análisis de ciertas actitudes en común de algunos ciudadanos. Tenemos más contradicciones que la Biblia, más amor propio que Edipo, y nos reconocemos como lo peor de lo peor.

Nos quejamos de la cantidad de feriados, pero nos atoramos en la Ruta 2 en cada fin de semana largo.
Tildamos a muchos de vagos y atorrantes, pero quien esté libre de pecado que tire la primer piedra... no queremos ni agacharnos a buscar una piedrita.
Nuestro nacionalismo se reduce a alentar la camiseta, pero pocos saben defender los verdaderos intereses del suelo argentino.
Odiamos a los ingleses en Malvinas y cada vez que chocamos contra ellos en una disputa deportiva... pero sabemos que la Liga Inglesa de Fútbol es de las mejores del mundo (representada por varios argentinos), amamos a los Beatles y a los Rolling.
No nos gustan ni la represión, ni los milicos, pero tenés que ver las piñas que nos damos en una cancha de fútbol, los conflictos que genera cada queja de la agrupación Quebracho y la puteadas que surgen en cada esquina apenas se pone en verde el semáforo.
Somos los mejores atrás de nuestro volante, ¿pero sabés quién tiene prioridad en una rotonda?, ¿le cedés el paso al peatón?
Las mujeres nos atacan con profundos escotes, para después gritarnos "no nos mires las tetas, pervert".
Los hombres se jactan de defender a las mujeres, pero el machismo que vemos día a día es doloroso.
No queremos un país de pobres, pero despilfarramos en placeres insípidos.
Queremos que otro solucione los problemas por nosotros, ¿para eso los votamos, no? Pero después gritamos a los cuatro vientos cuando no nos gusta una medida, un accionar, o un plan que no se cumple tal como nos prometieron. Y luego, seguimos sin hacer nada.
Tenemos memoria selectiva y dañada: nos olvidamos de algunos males, pero a otros no los podemos dejar ir ni aunque nos paguen por ello.
Somos los reyes de la queja, pero sin propuesta.
Somos los jefes de las heridas abiertas, pero no hacemos nada para madurar.
Somos los mejores en tropezar dos o más veces con la misma piedra, hasta el punto de desear patearla y rompernos el meñique. Parece que amamos el tropezón.
Creemos en Dios, pero también nos cagamos en Él.
Creemos en Argentina, pero nos queremos ir a vivir afuera.
Nos gustan las cataratas y los glaciares, pero qué lindo sería irse a Miami y Barcelona, ¿no?
Odiamos a esos yankees que invaden países, obesos y amantes del Black Friday, ¿pero quién no quiere ir a conocer NY, Chicago, LA, Disney, volver con valijas repletas, y comer en cada local de comida rápida?
Nos sentimos primer mundistas porque volvió Wendy's, hay un Subway en cada esquina y cada vez vemos más iPhones. Primer mundo es otra cosa chicos... primer mundo es educación, salud y no violencia.

No va a faltar el que piense "qué pelotudo este chico... está generalizando, no todos son así", y estoy de acuerdo. No todos somos así, y si, también soy un pelotudo.

Dicen que el mejor negocio es comprar un Argentino por lo que realmente vale, y venderlo por lo que él dice que vale.